Preguntar por su color favorito.
Observar por primera vez sus manos,
efectivamente ajenas y rápidas.
Trazar el camino de sus dedos que,
sigilosamente, muestran aquel
cordón del pasado que los envuelve
–y los ata.
Responder que te gusta el café sin azúcar,
que encuentras encanto en las 7 de la mañana.
Encapsular su loción en la garganta,
entre aquel sábado fortuito y el resto de la semana.
La curiosidad que está viva,
que pospone tormentas y vuelos.
Sentir el viento que cambia de dirección,
que gira al Oeste de su cabello.

Celic Rosas
@celic.rosas
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