Viva Canarias, en la que yo crecí,
la de la tierra y las estrellas,
la de la bruma y la familia,
la del barniz en la madera.
Viva comanche la luz de la entradilla,
la herradura en la escalera.
Que no muera la flor del descampado acechado
o el brillo de la lustrosa higuera,
por el mal de ojo incesante
del cemento y la piconera.
No muera Canarias, ¡no puede!
en el recuerdo de quien la viviera.
Muere en las manos del siguiente,
de la historia ignorada que se vuelve ajena.
Y morirá lo que fue paraíso,
no en la retórica de fuera:
la comunidad humilde, activa y presente
en las encrucijadas que hubieran.
Con su gofio compartido, queso, carne y tunera,
viva Canarias si hablo, de lo que es y lo que era.
Mi tierra donde nací y respiré
las palabras de una mar sincera.

Aurora Hernández
@liveaboutit
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