Aún sin capa, no veía sus ojos. Había escuchado antes que me hablaba. De épocas antiguas, su canto me envolvía. Yo cedía: no reconocía mi nombre; y entonces despertaba de nuevo en otra cama, en otro tiempo, otra yo. Mismo corazón, diferentes ojos. Y seguía sin poder mirarle; al menos hasta aquel torrente que al llevarse todo, me dejó en frente de lo que sentí como un hogar. Sentía por primera vez quietud. Pero bastó con escucharle pasar detrás para saber que no estaba aún sola, y que no podría estarlo. ¿Lo necesité alguna vez? El ruido de sus pasos a mi espalda no me dejaban saberlo.
Sería fácil decirle que se fuera. Sería más sencillo aún decirle que lo amo. Pero no me es posible decirle nada. Aún sin capa, no veo sus ojos. Aún sin velo, no entiendo qué me dice. Aún sin ruido entre nosotros… No me es posible hablarle. Camino y camino. Solo camino. Y lo escucho seguirme.

Natalia Rico Medina
@writeondandelions
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