Quise escribirte
(desde hace tiempo, en realidad).
Dos o tres veces me senté
con tu nombre entre las manos
y tus ojos a la distancia,
en el doblez del cielo.
La idea de ti.
Tu sombra larga
sobre el Río Tormes.
El recuerdo que flota
con soltura.
Que se extiende al paladar.
La nostalgia.
Luego los números que
se amontonan,
las unidades de longitud,
medidas temporales que suman horas…
que aseguran una ausencia inmediata.
La mente es curiosa.
Cabalga y se pierde
siempre en las mismas calles recorridas,
los mismos resquicios por
donde apenas agujerea la luz.
Sin embargo,
aunque irregular y delgada,
queda la abertura,
la grieta de futuros cercanos,
acaso improbables,
de un par de días contigo.

Celic Rosas
@celic.rosas
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