Se adormece la luz en la delgada
silueta de los chopos, transparente,
entre las verdes ramas; tan ardiente
como el canto de un ave enamorada.
Se oye un rumor de espuma, de enjoyada
caricia de la tarde que termina,
mientras canta un pájaro, que declina
con tristeza, el misterio de su trino.
Y las ranas entonan vespertino
concierto de lujuria y desatino.


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