Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía

Puntas abiertas

La universidad es casi un cementerio por la mañana: se ven pocas personas en los pasillos y el silencio reina en la mayoría de las aulas. Eran las once y nuestro salón estaba vacío, la clase empezaría a las dos, pero decidimos entrar porque el calor nos ahogaba y el aire acondicionado era una tentación que no queríamos resistir.

Era jueves y teníamos 3 materias juntos, ya habíamos sobrevivido a la primera y ahora esperábamos las otras.

Nos recostamos en el suelo, usando las mochilas como almohada. Él sostuvo mi mano mientras sonreía, y la besó haciendo ruido como los niños pequeños cuando intentan dar amor. Yo acerqué mi boca a la suya lentamente y nos fundimos en un beso que devolvió el calor a nuestras mejillas.

Ambos somos muy diferentes, pero tenemos una pasión en común: El arte. Nos morimos por crear, nos derretimos en las exposiciones, en los conciertos, en la  cama, porque el sexo es también un arte en la que vale la pena incursionar.

Me acomodé sobre él e intenté besarle, pero mi pelo se interpuso y él tuvo que apartarlo.

A él le encantaba mi pelo largo y no entendía mi afán por recortarme las puntas, por más que traté de explicarle que era porque estaban abiertas, que las orquetillas te dañan el pelo.

Le mostré una hebra de cabello que se partía a la mitad y él abrió sus ojos, tan grandes como dos huevos fritos en un plato pequeño, ojos de sapo quizá, de un sapo muy apuesto. Aún así decía que no veía nada y yo no pude evitar dejar salir una de esas carcajadas que me dejaban sin aire.

Me recosté a su lado, le miré sonriente y le dije “te amo“, fue la última vez que tuve el chance de decírselo.

El lunes siguiente me dijo que le habían dado una beca en el extranjero y que se iba a cambiar de inmediato. Se me rompió el alma en pedacitos, como cuando se rompe un cristal y mis lágrimas formaron un río en su camisa.

Prometimos llamarnos por Sky en las noches y no olvidarnos de todo este amor que sentíamos, pero yo estaba segura que eso iba a suceder porque no me sentía cómoda con tener una relación a distancia: Yo necesito alguien que esté a  mi lado, que me haga sentir sus abrazos, los  besos, las caricias en lugares inapropiados, que me susurre cosas al oído mientras se me pone chinita la piel, el calor de unas manos tibias, el aire que él exhala y choca con mi piel…

Naturalmente rompí con él al mes siguiente, no soportaba pasar el tiempo llorando con la falsa esperanza de que volvería para el invierno y me querría igual. Corté mi relación igual que mi pelo, para que mi vida volviera a crecer hacia adelante, para que no siguiera diviéndose entre lo que tenía cerca y él, que estaba tan lejos, porque al final, cuando él vuelva para quedarse, si todavía nos queremos, lo podemos intentar de nuevo.

Por: Tintazul21 (República Dominicana)

palabrasdetodoynada.wordpress.com


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