Alexandro Arana Ontiveros (México) Amistad Amor Cuentos Escritores de Letras & Poesía Felicidad Opinión Reflexiones Relatos Tristeza

Normal

Día 4

—Tienes que acercar tu silla lo más que puedas a la cama, luego caminas sobre tus brazos para acercar el torso, y ya después solo es cuestión de tomar los reposabrazos y con un pequeño esfuerzo, ¡llevar tu cadera hacia el asiento!… Al principio cuesta un poco de trabajo, pero con el tiempo te acostumbras, m’hijo.… Además, te vas a dar cuenta de que es un excelente ejercicio matutino, ¡ya verás!
(…)
—Vas a tener que levantarte algún día, m’hijo. La vida no te va a llegar a la cama… ¡Venga, ayúdame a sacarte de ahí o te vas a enmohecer!
(…)
—Sé que es difícil, m’hijo, pero las cosas ya no van a ser como antes. O te empiezas a acostumbrar y sales adelante, o te pudres por dentro poco a poco. ¡Y no creo que quieras eso!
—Ya no quiero nada, tío…
—No hables así, m’hijo. Conforme le vayas agarrando el truco, verás que la vida tiene un montón de maravillas más aparte de caminar. Están los sonidos, las sensaciones, los…
—Con todo respeto, ¡ya cállese, tío! En mi condición, ya la vida vale una verdadera mierda.
—No, m’hijo. La vida siempre es una maravilla. Los que decidimos que valga eso somos nosotros nomás porque nos dejamos caer por tantito.
—¿Por tantito, tío? ¿Le parece poca cosa? ¡Estoy inválido de por vida! ¡Nunca más volveré a caminar!
—Con tus piernas, no, m’hijo, pero para eso tienes tu silla. Y poco a poco verás que la vida sigue casi igual que antes. Solo que desde ahora la vas a ver de forma diferente, eso es todo.
—Míreme, tío: no valgo nada ya… ¡Solo merezco lástima!
—No, m’hijo: los discapacitados no son personas que solo merezcan lástima.
—¿Ah, no?
—No.
—¿Y se puede saber por qué?
—Porque los discapacitados pueden vivir su vida tal y como lo hacen los demás: como ellos quieran, haciendo lo que les gusta y creando la realidad que mejor les funcione. ¿O tú crees que la realidad es igual para todos, o qué?
—No pus no.
—Ahí está, m’hijo. Ahora párese, ya que va a empezar a apestar a gato de viejita. ¡Orale!
—Gracias, tío.
—De nada, m’hijo… ¿Sabes? Mi papá una vez me dijo que si te quedabas solo con el buró del lado contrario, era más fácil manipular la silla… Yo la verdad no sé. Pero al final, tu decidirás cómo quieres tener tu cuarto, m’hijo.

Día 9

—Mira, m’hijo, para amarrarte las agujetas, tienes que acomodar tus piernas de este modo.… ¿Ya ves qué fácil resulta así? Ya entonces solo es cuestión de hacer el nudo… Acomodar el pantalón… Y volver a sentarte en tu silla. ¡Y listo! ¡Bien guapetón para salir a conquistar chamacas!
—¡Ay, tío! Qué cosas dice…
—Yo digo nomás puras verdades, ¿qué no?
—Sí, tío. Es verdad.

Día 14

—Mira, m’hijo, mi padre me dijo una vez que si acomodas los trastes así, te va a ser más fácil agarrarlos después. Y orita que acabemos de desayunar, te voy a enseñar un truco bien bueno para lavar los trastes y que no te hagas bolas ni te mojes, vas a ver.
—¿Ese truco también se lo enseñó su papá, tío?
—No, ese es de mi propia invención. ¿O qué crees, que yo no tengo imaginación, o qué?
—¡Uy, qué sentidito me resultó, tío!
—¡Ándale, cómete tus huevos que necesitas ponerte más fuerte!

Día 23

—¿Este otro truco es de usted, tío, o es de su papá?
—¡Uy, ya ni me acuerdo!… Es que son tantos…
—Gracias, tío.
—De nada, m’hijo, ya sabes que estamos para ayudarte.
—No, en serio, ¡gracias, tío!
—No, pus en serio, de nada, m’hijo… ¿Por qué esas gracias, m’hijo?
—Por apoyarme desde el accidente. Por no tratarme como a un inválido que no vale nada. Por hacerme sentir como cualquier persona.
—De nada, m’hijo, ya sabes que estamos para ayudarte.

Día 25

—¡Uy, tío, con tanto truco me voy a volver un buenazo en todo!
—No te vas a volver: siempre lo has sido, m’hijo. Solo que ahora vas a ser un buenazo diferente, eso es todo.
—¿Sabe qué es lo único bueno de todo esto, tío? Que si le echo un chorro de ganas, chance y hasta un día salgo en la tele como un héroe: de esos discapacitados que la gente dice que son héroes entre las personas normales porque logran hacer cosas extraordinarias todos los días…
—Pues ahí sí para que veas, no estoy nada de acuerdo, m’hijo. Los discapacitados tampoco son héroes que merecen un monumento o algo así solo por vivir sus vidas a pesar de que les cueste mucho trabajo. Te lo he repetido decenas de veces, y te lo voy a repetir hasta que se te grabe en esa cabezota de teflón que tienes: tu vida no se volvió ni peor ni mejor que antes: siempre ha sido igual de extraordinaria. Solo que ahora vives la vida de forma diferente a como lo hacías antes… Los retos de tu vida siguen siendo los mismos: ser congruente con lo que piensas, amar a los demás, trabajar en algo que te guste, esforzarte todos los días por ser mejor que ayer. Todo sigue exactamente igual que antes. Solo cambia tu punto de vista, eso es todo.
—Está bien, tío. Voy a tratar de no olvidarme de eso.
—Muy bien, m’hijo… ¡Ahora, dame un abrazo!

Día 43

—¿Están buenos tus huevos, m’hijo?
—Muy buenos, tío, gracias… ¿Y qué tal me quedó a mi el licuado?
—¡Uy, requetebueno!… Cada día vas mejor, chamaco.
—Gracias a usted, tío.
—Y también gracias a que has cambiado tu forma de ver las cosas, m’hijo. ¿Ya ves? Solo era cuestión de acostumbrarte a tu nueva vida.
—Sí, tío. Usted me enseñó que los discapacitados solo somos personas que vivimos de manera diferente a la que viven los que no lo son. Eso es todo.
—¡Y de todas formas, m’hijo, todos vivimos vidas diferentes, seamos discapacitados o no!
—Eso que ni qué. ¡Me cae que usted dice puras verdades, tío!
—¡Pos cómo vas a creer que no!
(…)
—¿Te acuerdas de aquel chamaco que no se quería ni parar de su cama porque decía que su vida ya no valía para nada?… ¡Ahora resulta que hasta novia tienes!
(…)
—Por cierto, ¿cuándo me la vas a presentar, m’hijo?… ¿O qué, te avergüenzas de tener un tío discapacitado también?
—Por cierto, tío, usted nunca me ha platicado cómo fue su accidente…
—Fue un accidente de trabajo, m’hijo. Con una ensambladora. Desde ese día me quedé sin poder caminar. ¡Y también me volé los tres dedos que me faltan en esta mano! Los desgraciados de mis cuates en ese entonces me decían el “pis an lov”… ¡Cabrones!
—Pero bien que se muere de risa, ¿verdad, tío?
—Pos cómo no, ¡ni modo que me ponga a chillar!… ¿Eso como para qué sirve?
—Oiga, tío, y ya la pura verdad, aquí entre nos: ¿usted no se siente diferente por su discapacidad?
—No m’hijo. En serio, a pesar de que ya no pueda caminar y que me falten los tres dedos de una mano, yo me considero como cualquier persona.… Así, igualito… ¡Claro que tan único como lo somos todos, eso sí!
—¡Ese es mi tío!
(…)
—¿Te vas a tomar ese último chorrito de licuado, m’hijo?
—No, adelante, tío… Ya terminé.

Ganador del Concurso “La Estrategia del Ciempiés” (y publicado en su Antología didáctica sobre problemáticas asociadas con las discapacidades físicas e intelectuales y la interculturalidad) convocado y organizado por el Colectivo Quilago Sociedad de Letras (Ecuador).

Por: Alexandro Arana Ontiveros (México)

alexandroarana.wordpress.com


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