Escritores de Letras & Poesía Estela Tarrazona (España) Prosa Poética

Héroe

A los ocho años me declararon una esperanza de que las asignaturas pendientes tuvieran a los humanos: la vida.

Había recibido algunos otros de los que llamaba a los adultos llamar palos: papá Noel era solo una fantasía y los Reyes Magos eran mi casa nunca más volvería. Cuando me dieron esta noticia, me quité las lágrimas de mi cara sintiéndome fuerte. Tan fuerte como un superhéroe en una de esas películas que rescataba a la chica. Bueno, en este caso yo me rescataba sola.

Un par de años más tarde sentí lo que era perder a las personas que quería y quería. Entonces, creí haber recibido el alcalde palo de mi vida y me sentí preparado para afrontar todos los obstáculos que me pusieron la vida. Con eso he visto mi gran miedo: la oscuridad. Mi último pensamiento antes de irme a la cama era el hecho de que alguien me secuestrase y mi familia no se diese cuenta. Miedos estúpidos como el monstruo que se esconde en el armario, ¿no crees?

Sentía que los problemas ya no podían ahogar más, pero no. Aumentaron los palos, las decepciones, la incertidumbre y los miedos. Hacía años que me había puesto la capa de súper héroe, pero nadie me recordó que esa capa pesaba demasiado para una niña y que ese peso podía abortar mi vuelo. Entendí los miedos y los problemas como un código secreto que solo yo podía descifrar y no veía que lo que estaba haciendo era ponerme una soga al cuello.

¿Heroína o villana? Por sobreprotegerme de todo aquello que me dolía me sentí tan villana que ni el traje me salvaba. Los miedos cambiaron y la soledad llamó a mi puerta. Allí estaba al otro lado del andén, tan acompañada y tan sola a la vez. Cambié mi concepción de sola y es que no hay más soledad que aquella que, pese a estar rodeada de la gente que más te quiere, te sientes fuera de lugar sin ningún tipo de enganche que pueda sanarte.

Suena tan raro, tan desafortunado, tan mísero que no sé por dónde empezar. Han pasado doce años y no, no soy una esperanza en la vida, ni siquiera de mis días. No soy una experta ni siquiera en cada uno de mis pensamientos, ni siquiera tú me entiendo. Un día de hoy siento que mis pasos no tienen un solo lugar en concreto, que no saben muy bien dónde van, pero que lo que sí saben es que no les duele, que las víctimas solo vengan a los cómics y que no estén Dispuesto a perder un nadie por el simple hecho de temer a la soledad abatida.

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