El Misterio de la 154

Una tarde nublada, en el 154 de la calle madera, en el poblado de Tultepec, un hombre y una mujer con largas ojeras subían unos muebles a su camioneta. El hombre parecía muy cansado, pero la mujer solo se notaba ausente. Los vi tomarse un descanso, sentándose en la banqueta, ni él ni ella, tenían ánimos de hablar, sus miradas perdidas los hacían invisibles a los curiosos que cruzaban su andar, a nadie le gusta mirar cómo sufren en silencio los demás.

A lo lejos se escucha rugir una moto, la mujer al escuchar el sonido se puso un poco más alerta, el motociclista se acerca al departamento 154 y se baja estrepitosamente, aventando su vehículo al piso, se quita el casco y visiblemente sorprendido, empieza a preguntar qué está pasando, por qué esas personas se están llevando sus cosas, el hombre y la mujer que estaban sentados en la banqueta de un solo brinco se pusieron de pie, pero al parecer el color no llegó a su piel, se notaban tensos y pálidos, se miraban uno al otro, nerviosos sin saber qué hacer.

El motociclista les gritaba que qué pasaba y ellos mudos sin saber para dónde correr, el joven entró de prisa a su hogar y salió mucho más molesto que al llegar, todas sus cosas desaparecieron, no había muebles, ni documentos, habían cargado con todo. Salió gritando y pateando su moto, le gritaba a la pareja, pero parecía que no existieran, el joven los amenazó con llamar a la policía, buscó en su pantalón su celular, pero nunca lo encontró, se enojó mucho más, las lámparas de la calle parecían titilar, entró de nuevo a su casa, buscó arriba y volvió a bajar, nada.

Salió por última vez de su apartamento y vio con rabia, que su motocicleta ya tampoco estaba, explotó de coraje, gritó, maldijo, pateó el piso, la pareja parecía ser de piedra, la mujer contenía las lágrimas y el hombre no daba crédito a lo que su mente le decía, invadidos por el miedo, solo se veían uno al otro sin poder articular palabra, el joven, frustrado, aventó una piedra a la ventana y vio caer los pedazos de vidrio sobre una nueva adición, algo que nunca antes había visto, una cruz de madera, adornada con flores, sostenía en su centro la foto de un joven, ese mismo que ahora, en shock por la sorpresa, se desvanecía, como espuma en la marea.

Por: Lily Guajardo (México)

lilyguajardo.wordpress.com


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. otesania dice:

    Muy bueno el relato!!!

    Le gusta a 1 persona

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