Dr. Asenjo (México) Escritores de Letras & Poesía Reflexiones

Las ciencias del humanista

Después de una tarde estéril en ideas originales, mientras estaba recostado perezosamente en el sillón, comencé a imaginarme cómo serían en general las ciencias empíricas si quienes ejercieran dentro de ellas fueran humanistas modernos de diversas clases. Muchos seguramente ya estarán queriendo arrancarse los pelos con simplemente observar que haya divorciado al humanismo de las ciencias empíricas. A estos les digo que tengan por hecho que no he sido yo quien se ha encargado de distanciar a estas dos áreas del conocimiento. La responsabilidad de esta desgracia difícilmente recae en los exponentes humanistas o científicos de la historia. Lo más probable es que este desarrollo se deba al desenvolver de los tiempos, que atan y desatan según su voluntad y según la época. Presento entonces estas conclusiones sin tomarme mayor demora, con el fin de ilustrar mi punto:

  1. Los historiadores serían posiblemente los más ilusos entre los humanistas en desarrollar las ciencias empíricas, y es porque la Historia está tan cerca de ser una de estas pero le falta poder desarrollar al método científico de manera a priori a los hechos. Los historiadores pueden hacer observaciones, deducir hipótesis, contar con los experimentos del tiempo, y derivar conclusiones–pero solamente pueden hacer todas estas cosas una vez que hayan acontecido los sucesos, lo que resulta en una pseudociencia en la definición de Karl Popper: una disciplina semicientífica que no tiene posibilidad de demostrar como falsas a sus hipótesis durante la experimentación. De esta manera, una ciencia debería poder mostrar conflicto inicial en el desarrollo de sus hipótesis. Así, si los historiadores fueran biólogos celulares y observasen el proceso de la mitosis, los hegelianos argumentarían que se debe a la dialéctica, los marxistas a la relación que las células tienen con las condiciones y bienes materiales empíricos que poseen–con especial énfasis en su método de producción–, los positivistas lo considerarían como un paso inevitable hacia el fin positivo (o científico) de la Historia. Ninguno podría decir que se trata de un proceso metabólico que involucra a todo un sistema complejo de orgánulos.
  2. De los sociólogos y economistas se puede decir casi lo mismo que de los historiadores. Se tratan de pseudociencias que hacen conclusiones a posteriori o, en algunos casos, se involucran en predicciones erróneas del futuro. Sin embargo, estos le darían un enfoque social y económico respectivamente a sus conclusiones, que pueden llegar a estar igualmente infundadas.
  3. Los doctos en derecho se esmerarían en crear sistemas teóricos cerrados y perfectamente proporcionales. Evitarían la contradicción a toda costa, y decorarían sus aseveraciones con términos elegantes de significado hermético. Sin embargo, fieles siempre a lo que está escrito en papel en vez de observar a lo que les presenta la realidad, no podrían salir de su pequeña caja de simetría absoluta. Bajo esta sombra, si los legalistas del derecho fuesen astrónomos, disertarían sobre la acomodación proporcional y congruente de los astros sin importar que tan aplicables fueran realmente sus teorías. Creerían que las estrellas pueden acomodarse de una forma única y universal en base a leyes congruentes, y que no existe un objeto que sea contradictorio a la estrella, pues olvidándose de los agujeros negros, para los estudiosos del derecho solamente las estrellas pueden tener masa descomunal. Para ellos, la simple elaboración de una serie de postulados, como sucede en la elaboración de un código legal, es suficiente para asegurarse que su conocimiento es objetivo y siempre lleva al mismo resultado.
  4. Los filósofos nunca se pondrían de acuerdo. Primero intentarían ser botanistas, pero tan pronto como comenzaran iniciaría la discordia entre ellos. No habría consenso sobre la definición de Botánica, ni sobre lo que estudia, ni sobre las razones por las que debería estudiarse en primer lugar. Así, los filósofos meramente intentarían hacer ciencia solamente para fracasar al detenerse en cuestiones bizantinas.
  5. Los literatos tendrían distintas posturas al respecto. Los poetas, sumidos en su necedad y romanticismo–pues incluso los poetas que no fueron Románticos en el siglo XIX siguen siendo románticos por definición–disertarían cosas tan poco prácticas que no vale la pena que las trate en mis conclusiones. Los estudiosos de la lengua tratarían de ver a las cosas como producto de una evolución proporcional, y tratarían de explicar a la esencia de los objetos a través de las palabras. Los estudiosos de literatura darían solamente interpretaciones de la realidad, pero nunca darían conclusiones definitivas.
  6. Los estudiosos de las artes observarían a los objetos de la ciencia, pero no se esforzarían en entenderlos ni analizarlos objetivamente. Tratarían de discernir el significado de las “obras” de la realidad que se les presenta, y tejerían versos sobre ellas de manera muy similar a lo que hacen algunos literatos.

De esta manera, el consejo que puedo dar a quien se interese en las ciencias es el siguiente: no llegues a ellas como si se tratase de una obra de las humanidades. Sé un científico, y no seas otra cosa, pues te arriesgas a caer con facilidad en confusiones y falacias.

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