Sigo adorando esta ciudad,
aunque ahora la recorra sola.
Sus malditas cuestas.
Perderme en la calle Bulas.
Tirar un palillo a la Virgen de los Alfileritos y rezar para que no caiga de pie.
Reflejarme en sus calles nocturnas.
Comerme una bomba en El Trébol.
O un solomillo de ciervo en lugares perdidos.
Asomarme en el Alcarzar y respirar.
Lanzarme en tirolina viendo un atardecer.
Beberme una cerveza mientras veo al Dj pinchar.
O bailar hasta el amanecer en una antigua iglesia.
Querida Toledo,
te adoro
y
te seguiré adorando.



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