Clara Cortés (Colombia) Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía

Ella

Ella estaba a mi lado; la observé, se veía tan impávida e indeleble. Despertó en mí curiosidad pues su rostro me era desconocido.

Al acercarme, no pude levantar su manto; un escalofrío arrebató mi cuerpo y solo pude tocar su cabeza cubierta. Ella y yo en un debate sin palabras.

No quería mirarme, se mostraba tímida, pero era una tímida que exhalaba daño, miedo, peligro.

Sin pensar en qué opinaría de su rostro, tan ausente en mi mente, decidió por sí misma levantar su manto, mostrar sus inefables características, hacer frente a mis dudas y dejar de atisbar al vacío.

Me miró, profunda e inexorable, incuestionable e inconfundible; no podía moverme, estaba paralizado en un vaivén de sentires. Mis palabras eran mudas; le tenían terror. Mi mente en su estado de consciencia dejó de funcionar. Cada segundo que la miraba fijamente, me convertía en un signo de interrogación.

Ella no era deplorable, pero tampoco hermosa, no era sucia, pero tampoco noble, no era mentirosa, pero tampoco contaba todo al mirar.

Su gesto fue levantar su mano, su palma estaba en señal de solicitud; eran las deudas que me estaba cobrando por no haber apreciado cada instante de vida cuando tuve la oportunidad.

Yo no tenía vacío, por el contrario, ella me lo estaba creando; un hueco profundo se fue abriendo en mi pecho, se sentía insondable: el aire se iba, las lágrimas partían, el vacío poco a poco era abismal. Mis manos ya no me pertenecían, mis piernas andaban ahora sin mí; ella estaba pagando mi deuda y se justificaba.

Cuando creí tener nada, ella me lo fue exhibiendo ante mis ojos ciegos, mientras lo obtenía por derecho propio.

Me sentí yerto, inamovible y desubicado, hasta que pude gritar, fue tan fuerte que lo que aún no se había llevado, yo decidía entregárselo ¿qué me quedaba más sino solo el desahogo?

Conocerla, apreciarla y enfrentarla me habían derrotado. La curiosidad inicial se había convertido en desconcierto. Ella ahora me asustaba, pero me había llenado de valor; ella al menos, ya no era desconocida para mí.

Ella era la muerte.

Rubén sampietro (2)

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