Aun no siendo del club de los creyentes,
ni temiendo a las llamas del averno,
me estremecí por ver que el propio infierno
se cebaba en tus muros imponentes.
Pero aguantaron bien tus arbotantes,
señora de París entre riberas,
y aliviados mis ojos concibieran
que un fuego aterrador no fue bastante.
Hoy gárgolas lloran en las cornisas,
Quasimodo expectante tras la puerta,
el órgano aún no dio la última nota.
Trágate Lucifer tus fieras risas,
herida sí, mas no la deis por muerta,
que ni el terrible Hades la derrota.



Replica a Elfogris Cancelar la respuesta