La historia de los libros que no se dejan leer

Te apoyas en la madera

y me miras con esos ojos que auguran tu ansia

por querer jugar

-conmigo-

 

Ahora no, -te digo-

Estoy empezando a criar bichos, -me responsabilizas-

 

Ahora no.

Si estás aquí es por algo, ¿no crees?

He intentado en muchas ocasiones abrazarte y te has escurrido entre mis dedos;

he querido conocer tu historia y me la has negado.

 

Al principio, me sentía culpable

por no tener el coraje de intentarlo una vez más

hasta que un sabio de canosa barba me dijo:

“Niña, cada cosa tiene su momento. Si te permites esperar, luego disfrutarás más”.

 

Yo le respondí con mi silencio,

pues nací con los versos de aquella canción tatuados en mi piel:

“Yo sé que no es un buen momento para ti

ni para esto que nos viene sucediendo

pero eres para mí.”

 

Menos mal que mi trabajo es mi interior,

lo que me permite comprender que si has de ser de alguien

es de ti

y, si te apetece, te compartes conmigo;

si no, ya sabes cuál es el camino.

Que yo también sé cantar aquello de Luna, quédate conmigo,

pero, aunque entre tú y yo haya copla, no suplicaré amor.

 

Me miras otra vez

y, de primeras, me desagrada tu borrachera

hasta que gracias a esta

comienzas a dar en el clavo – y canela-

y me dejas sin palabras.

Es lo que tiene la filosofía.

 

Así me sucedió contigo y con tu Rubaiyat, Omar Khayyam,

y así me está ocurriendo con la realidad de tu cuerpo, Rupi Kaur.

 

Así me está ocurriendo y así me ocurrirá siempre

pues siempre se repite esta historia

sobre los libros que no se dejan leer.

199 visitas

7 respuestas a «La historia de los libros que no se dejan leer»

  1. Avatar de erotismoenguardiablog
    erotismoenguardiablog

    Me sacó sonrisas!

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    1. muchísimas gracias. Me hace muy feliz tu comentario.

      Le gusta a 1 persona

      1. Avatar de erotismoenguardiablog
        erotismoenguardiablog

        Gracias a tí por compartir!!

        Le gusta a 2 personas

  2. Super original, ¡enhorabuena compañera! Me gustó mucho.

    Le gusta a 1 persona

  3. Vaya, hace tiempo que tengo abandonada la poesía hindú, y a la autora canadiense no la leí. Un saludo, estimada Celeste.

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