Cuento Enrique Morte (España)

Vecina

Es tarde y no puedo dormir. Será el último café, quizá no fue una buena decisión el haberlo tomado.
Miro al techo, solo veo oscuridad. En ella diminutas sombras juegan al escondite conmigo, o eso quiero creer. Mis ojos, ahora abiertos, todavía no se han adaptado a la oscuridad que me rodea.
Un resquicio de luz entra por la ventana, parece que la vecina de enfrente tampoco puede dormir.
Me asomaría a la ventana, me gustaría verla; llevo algún tiempo colado por ella, aunque creo que todavía no lo sabe, pero me puede la pereza, se está calentito en la cama.
Las horas pasan con cautela, parecen tener miedo de despertar a quienes tienen la suerte de poder estar durmiendo. Mis anhelos se hacen fuertes entre estas sombras y me recuerdan lo lejos que sigo de mi destino.
Llevo con este seis meses diciéndome que al próximo mes me apunto al gimnasio; siempre me lo digo desde la cama, no sé como me las apaño, pero siempre suelo olvidarlo por la mañana. También llevo tiempo queriendo estudiar algo relacionado con el mundo audiovisual; no sé cuantas excusas van con esta, lo que sé es que el tiempo pasa y aquí sigo, en la cama, calentito, eso sí.
Me pierdo en mil sensaciones, casi todas de culpa, casi todas de penas, quiero culpar al insomnio, también al café; quiero culpar a cualquiera que no sea yo.
No quiero responsabilizarme de mi inactividad, tampoco quiero hacerlo de mis miedos. La luz de mi vecina sigue encendida, me gustaría verla, pero se está muy bien aquí, entre las gruesas mantas.
No sé en qué momento termino por dormirme, lo único que sé es que lo hago, caigo dormido en un sueño profundo, sin sueños, la pesadilla llega al despertar.
Me levanto con los ojos todavía algo hinchados, me dispongo a ir hacia la cocina, necesito café, cuando algo llama mi atención tras las cortinas. Hay un montón de gente en los alrededores de la casa de mi vecina, también un vehículo policial. Me asomo a la ventana, desaliñado, con cara de sueño y pregunto a una anciana qué sucede. Su respuesta causa en mí una conmoción.
Alguien entró anoche en casa de mi vecina y acabó con su vida mientras yo no conseguía dormir al otro lado de la calle, en mi habitación.
Quizás si me hubiera asomado a la ventana hubiera podido evitar tan temible acción.
La culpa hace acto de presencia en mi semblante, me miro en el espejo, me devuelve la mirada un desconocido de pálido rostro.
Creo que ya nunca dormiré.

6 comentarios

  1. Somos onanistas de nuestro desarrollo, que mejor forma de representarlo: con la incompetencia que disfrazamos de procrastinación, la vecina que duerme a lado nuestro, adyacente a nuestras frustraciones. Gracias por compartir, Enrique, fue un gusto.

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