Soplan los vientos, se agitan las ramas, se hielan las aguas.
Caen poco a poco, brillando al trasluz, cristales tejidos con mucha labor por la abuela en el cielo. Mil ilusiones despiertan, las manitos traviesas atajan. La esfera perfecta y pequeña, la lanzan al vidrio, mamá se despierta, papá se motiva. Se abre la puerta, se arroja en el blanco colchón, un muñeco recibe con brazos abiertos.
Cristalinos recuerdos de infancia vuelven al brotar la blanca nieve que alegra a la familia de siete, ocho, nueve…
¡Que nunca nos falte la esperanza!

Fabio Descalzi
blogdefabio.com
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