Desciendo cuesta arriba
por una escalera sin peldaños
dejándome llevar por un acechante influjo
de voluntad intrínseca exteriorizada
percibiendo un calor polar,
apunado en las profundidades
de este rencor que desconoce límites,
calmo huracán devastador.
Aligerando toneladas de peso muerto
recorriendo sinuosas rectas perpendiculares
recaigo ante la irresistible tentación
falible epítome irreprochable
ambivalente predilección unívoca
tranquilizante desesperación pacificadora
longevo lapso efímero
inexorable elucidación transparente
sentimiento de enajenación
incorpórea desnudez
extranjero en mi propia casa,
florezco marchitándome.

Zama
@simple.za
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