La distancia del yo

Mirar la vida desde
la distancia del yo, olvidando memorias,
compromisos, ausencias,
a veces es la única manera
de vencer a los años, a los días que dejan
ese leve perfume,
ese hedor de los pactos no cumplidos,
de esas hondas heridas que deja una derrota.
Somos ese reflejo de los dioses,
ese innoble perfil de soberbia y de miedo,
que permite alcanzar
toda sabiduría, toda la rectitud
moral que no tenemos, que no nos pertenece.
El mundo es la ceniza de toda vanidad;
nos obliga a asumir la propiedad de todo
lo que nos han prestado,
-a tan bajo interés-
para nuestro deleite,
para que nuestro paso por la tierra
pueda certificar nuestro legado.

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