Esperando la lluvia

Esperando la lluvia
me acuerdo de vos,
de tanto palabrerío insensato,
de tantos secretos por guardar,
pensar que aquellos mensajes
fueron el sello de una despedida,
allanadora enajenación eficaz,
demorando la marca del adiós
donde podría hallarse un retazo
de una introspección dual.

Espero la lluvia
mientras me acuerdo de vos,
como si no fuera sencillo
tenerte tan presente
entre esta ausencia austera
y la frialdad de este mundo incierto.

Poder esculpir las mareas del inconsciente
poder darle forma a esa espera
con tintes etéreos
de sublimaciones desbordantes
poder sumirse en la espera
que arrebata cualquier rastro de impaciencia,
que arremete en contra del goce,
como un torbellino
en las vueltas y vueltas
cual turbulentas se hallen.

Necedad en esa valía,
la de la inoportuna demora,
generada a tropiezos y caídas,
definiéndose inconclusa
la ardua tarea por excelencia,
la de seguir sumando horas al tiempo,
la de continuar restando finales
a sus reforzadas ataduras,
la de continuar desangrándose
por inconveniencias ajenas.

Entre precipitadas agonías,
y coaguladas dolencias,
se oye caer una lágrima,
se escuchan sangrar las respuestas,
se resuelve la ecuación primordial,
ya no espero la lluvia,
así como no te espero a vos,
incógnita permeable permanente
aventajada falencia incomprensible.

Ya no se verá la nebulosa
que traía la tormenta a costas próximas,
ya no se derramará miel
en astas aledañas al sufrimiento,
ya comenzará a llover en otro lado
sin anoticiar al durmiente presagio
que descansa profundamente
sin rechistar por lo bajo,
perjudicial para su conciencia,
su recorrido, su fragilidad, su letra,
respirando otro aire,
dejándose llevar por otra brisa,
despertando al librarse el huracán
desde lo inhóspito de su alma,
corazón que se desvive
por una respuesta,
por cualquier signo de vitalidad,
partidario de sus incongruencias.

Es más fuerte que uno
ese impulso insensato,
esa llamada del vacío
que obliga a seguir esperando,
infeliz vertiente devastadora,
bisagra irreal que abstrae mundos añejos,
suspensión infinita en la ajenidad,
adversidad elocuente librada al azar,
exasperante realización fatalista,
no hay viento que sople a favor,
no hay nube que visibilice la angustia,
no hay sol que prevenga
el atemorizante advenimiento del futuro,
no hay destino al cual contrariar
ni aunque caigan millones de gotas
de cálida lluvia que nunca llega.

zama lucas zamarin poeta escritor

Zama
@simple.za
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