Sé que dueles (Parte I)

Me disponía a ducharme como cada mañana. Presentía que hoy iban a cambiar el rumbo de las cosas, el rumbo de mi vida. Comenzaba mis vacaciones y estaba ilusionada porque le volvería a ver. Atrás quedaban las semanas de estrés, de complicaciones y de nervios. Sí, nervios, ya que me había propuesto darle una sorpresa. Él se lo merecía todo, era mi mundo y quería agradecerle haberme soportado tanto tiempo y seguir a mi lado desde el primer día. El sol relucía en mi ventana y el cielo parecía un mar en calma. Odiaba el rosa, pero hoy veía la vida de ese color. La veía de todos los colores gracias a él. Por eso mismo, llevaba tiempo planeando un viaje a Nueva York, a su ciudad soñada. Decir que llevaba tiempo planeándolo es quedarse corto, puesto que desde el primer momento que me contó su historia, comencé a ahorrar para hacer realidad ese sueño. Por supuesto, él no lo sabía, y no sabía lo que me había costado guardar el secreto tantos años, pero hoy se acabaría tal secreto y otros muchos. Quería hacérselo realidad, por haber estado ahí, por ser el hombre de mi vida y ¿por qué no?, era el viaje perfecto para unirnos más y empezar de cero. Ya que llevábamos una mala racha.

Salí de la ducha, me arreglé y me puse a inspeccionar que llevaba todo. La maleta residía en la entrada del piso, fui apagando las luces, cerré la puerta, y me dirigí al coche para poner rumbo a su casa, o ¡quién sabe si al principio de una vida! Sabía que la sorpresa le iba a encantar. Por eso mismo, había reservado los vuelos para las 8 de la tarde, por si la emoción del momento nos retenía más de la cuenta en su cama. Aparqué detrás de su casa, ya que no quería que me viera venir. Comencé a andar y vi que había un coche aparcado delante de su puerta. Toqué el timbre, una vez y otra, y otra…. Y nada. Asustada porque le hubiera pasado algo, cogí la llave que me había dado en caso de emergencia y me adentré en la casa. Al entrar, escuché unos gemidos, provenían de su habitación. En ese instante mis pulsaciones se aceleraron. Se iban disparando con cada escalón que subía mientras en el camino encontraba prendas de ropa por el suelo.

 

Por: Edelsteine (España)

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10 Comentarios Agrega el tuyo

    1. Edelsteine dice:

      Muchas gracias por rebloguearlo 😊

      Me gusta

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