Cuentos/Relatos Elvira Lorenzo López (España) Escritores de Letras & Poesía

En unas horas… (II)

De pronto, se dibujó el perfil de la amiga médico en su mente: ¡si está haciendo la residencia en ese hospital! La respuesta que había definido su decisión había llegado instantes después de la comida. Mandó varios mensajes con su resolución y marchó a la estación.

Dio un respingo: había perdido la conciencia durante breves minutos. Parpadeó fuertemente. Volvió a beber agua. Sólo quedaban diez minutos para la entrada en la estación. Reactivó los datos del móvil y esperó unos segundos. Nada. Únicamente un whatsapp de una amiga de la familia: ya la esperaba en la estación, dentro del coche. La velocidad del tren comenzó a disminuir… pausadamente. Ella podría haber sido una rueda más del vehículo: no habría diferencia. Continuaba inmersa en una niebla que había extraído la conciencia de sí misma. Quizá se debía a la confusión que reinaba en su alma: una persona que no conocía prácticamente tal vez se estaba muriendo, y coincidía con la figura de su padre… Continuaba pensando en que otro estaría muy nervioso o apenado, pero a ella le desconcertaba no sentir tristeza. ¿O sí la tenía? Desorientada…

El freno había comenzado a actuar más fuertemente, provocando algún movimiento brusco. El tren se detuvo cuando el móvil marcó la hora exacta prevista de llegada: 21.45. Se levantó ágilmente y se colocó la mochila sobre los hombros. Sólo llevaba otra camiseta, un pijama, ropa interior y un pequeño neceser. No se había planteado que fuera necesario permanecer más días en la ciudad. Volvería a recoger su maleta. No entendió hasta pasadas unas horas la mirada que le clavó una amiga con la que estaba veraneando. Profunda y enigmática, vislumbraba una certeza… que a ella le parecía irreal.

Fue corriendo por las escaleras mecánicas y los pasillos: ¿por qué corría? Algo dirigía sus piernas. La puerta de cristal dio paso a una cortina de aire denso. Seguía haciendo calor aunque fuera de noche. Se desprendía del asfalto, de las paredes… y el humo de los coches junto con el ejercicio de sus motores lo incrementaban. Asimismo, su respiración aportó densidad. Se detuvo cerca de las enormes esculturas de la estación y miró a su alrededor, hasta que una mano se agitó al reconocerla. Acudió a ella: un par de besos mecánicos, y se subieron al coche.

La conversación afable duró unos minutos: el viaje, nuevas noticias, agradecimientos… En una curva, ella notó la continua vibración del móvil. Una llamada. Su hermano mediano.

– ¿Sí?

– … que ya está.

– Ya está, ¿el qué?

– Que ya ha muerto.

– ¿Qué?

– Sí, hace un cuarto de hora.

Cuando el tren entraba en el túnel de la estación.

– Vale… pues ya voy para allá. Estoy de camino. ¿Mamá?

– Mamá llega como a las doce. Ya está volando.

– Vale…

Unos segundos de silencio en los que se adivinaba la respiración ahogada de ambas intimidades.

– Bueno… ya… ya voy para allá – tartamudeó ligeramente.

Colgaron.

La mujer que conducía le miró brevemente, interrogando con la mirada.

– Acaba de morir.

Una serena impasibilidad le había embargado en el transcurso de la conversación con su hermano. No obstante, al pronunciar aquellas tres palabras algo en su interior brotó de golpe y emergió: comenzó a llorar y se tapó la cara con las manos. Parecía que algo despertada en su interior con sacudidas intermitentes. La amiga de la familia dejó escapar una exclamación que denotaba un desconcierto abrumador por no saber qué hacer. No se lo esperaba; la conversación tranquila no le hizo sospechar.

– ¿Quieres que pare? ¿Qué hago? ¡Qué horror!

– No, no… sigue.

Tan pronto como sobrevino la explosión, se apagó y se calmó… Pero continuaba siendo un cuerpo únicamente. Pues debo estar triste al fin y al cabo, pero me siento rara, se repetía para sus adentros. Ciertamente había palpado el dolor de su hermano. Pero, ¿y ella? A partir de ese instante y los siguientes minutos hasta la llegada al hospital, alternó palabras tranquilizadoras con lágrimas que surgían de sus ojos sin preverlo. Sigue sin saber si era consciente de lo que sucedía, pues la sensación fue la de estar bajo una nebulosa en todo momento. Incluso, contó algún recuerdo gracioso.

Al fin visualizaron el hospital.

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