Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Tintazul21 (República Dominicana)

El despertar de la amnesia II

No soy alguien muy sociable la verdad, me cuesta un poco relacionarme con los demás, quizás tiene que ver con la poca relación que he tenido con mi familia y porque he lidiado muchas veces con el rechazo simplemente por ser como soy. En cualquier caso, me divierto más en casa que en cualquier fiesta, pero Eva siempre insiste en que la acompañe en sus andanzas y, esta vez, después de tanto rogar, me convenció.

Melissa y ella se encargaron de desmantelar mi clóset buscando lo que según ellas debería ser adecuado para la ocasión y no dejaban de mofarse de que tuvieran que darle lecciones de moda a su amigo gay. En el proceso de extracción, Eva se adueñó de una de mis camisetas favoritas, una gris con el logo de The Punisher, dijo que se la quedaría para dormir, pero le hice prometer que me la devolvería.

Pocas veces puedo negarles algo a mis compañeras de piso, pues desde que nos mudamos juntos hemos sido como hermanos de padres distintos, nos contamos todo y nos apoyamos a pesar de las diferencias, claro que la relación entre Eva y yo es particularmente especial, porque a pesar de que su personalidad y la mía son totalmente opuestas, nos comprendemos perfectamente.

Nos fuimos pasadas las nueve de la noche a un antro que nunca había visto: era un espacio grande y circular, con la barra (circular) en el centro y en una segunda planta un DJ. Las luces de neón bailaban al ritmo de la música y, de repente, todo se fue llenando de gente, que entraba en tropel desde la puerta principal.

Melissa me alcanzó un vaso de whisky, me hizo un guiño y se fue a bailar junto a nuestra compañera sin salirse de mi campo de visión, tuve que educarlas como a los cachorros para que aprendierana a quedarse cerca por seguridad. Un chico se sentó a mi lado y pidió un vaso de ron con limón. Tenía el pelo castaño claro, abundante barba y los ojos negros y lucía una camisa de rayas azules y rojas remangada.

Nos quedamos un buen rato sin hablar, yo ya había pedido mi segundo trago y estaba a punto de soltar la lengua, pero él se adelantó. Me comentó que esperaba a unos amigos que llegaban retrasados, me preguntó por las chicas que yo no dejaba de mirar y le contesté que eran mis amigas, pero que no estaba de humor para bailar. Creo que esto lo tomó como un reto, porque desde ese momento no dejaba de insistirme para que me levantara, su nombre era Sebastián.

Sus amigos llegaron para salvarme. Yo llamé a las chicas para que también se presentaran y estuvimos todos juntos hablando de las cosas más triviales. Eva, perspicaz como siempre, se dio cuenta de lo que pasaba, sin embargo aún no sabía las intenciones del chico. Yo, por mi parte, tengo el radar de identificación de iguales averiado, si no me lo dicen, no me entero.

Pasamos toda la noche entre risas: Melissa se consiguió un levante con una negra de cuerpo sensual que hablaba mientras movía las manos con una cadencia mágica. Eva bailaba con todo lo que se le ponía al frente moviendo la cabeza de un lado a otro, despeinando su largo pelo castaño y sacándome la lengua a modo de burla. Yo volví a la “tranquilidad de la barra”, para encontrarme otra vez con Sebastián que estaba visiblemente borracho.

Se me acercó y me tomó la cara entre las manos, me miró fijamente con su nariz pegada a la mía y me besó. Pude sentir el sabor del etílico, y un amargo adicional que conocía muy bien, pero no pude despegarme… Sonreí y acaricié su rostro, entretejí mis dedos con su pelo y acerqué su cintura hacia mí, solo para volver a repetir la escena.

Sus amigos nos miraban incrédulos desde el otro lado y ahí fue cuando reaccioné. Él me pidió que nos moviéramos a otro lugar “más privado”, así que avisé a las chicas para que vayamos a casa, sin embargo, ya en el taxi, él empezó a sentirse mal y se aferraba a mi pecho como los gatos, con los ojos cerrados, alegando que le molestaban las luces.

Cuando llegamos a la casa, vomitó en la sala, en el baño y en su propia ropa. Lo metí a mi bañera y me encargué de él, mientras se disculpaba entre sollozos. Lo coloqué en mi cama y se durmió de inmediato, así que salí con el propósito de limpiar el desastre, solo para darme cuenta que Eva, aún con su vestido rosa y el maquillaje puesto, se había encargado de todo y me enviaba dominante a “cuidar de mi visita”.

Casi no dormí por atender al huésped que yacía rendido a mi lado. Observaba los tatuajes de su espalda, su respiración, sus nalgas bien formadas y las ganas de despertarlo me invadían… Hasta que por fin terminó de amanecer.

Decidí entonces deshacerme de la ropa sucia, incluyendo la suya así que me levanté, me dirigí al área de lavado y cargué la lavadora. Entré a la cocina y puse el café, justo en ese momento bajó Eva con mi camiseta y su amplia sonrisa. Le agradecí el gesto de la noche anterior y la dejé a cargo de la cafetera.

Saqué la ropa de la secadora y volví a la cocina. Sebastián estaba sentado junto a Eva en el desayunador, me miraba boquiabierto y exaltado, mientras sostenía una taza de café en la mano izquierda. Pude notar de inmediato que no recordaba nada de la noche anterior, así que decidí presentarme nuevamente y le extendí mi mano libre con una sonrisa.

No apretó mi mano, parecía no salir de su ensimismamiento, así que la bajé lentamente y decidí ir a planchar su camisa con mi orgullo herido, pero su voz me detuvo. Me dijo que necesitaba “respuestas”, no entendía bien a qué se refería hasta que me confesó que era la primera vez en su vida que besaba a un hombre…

9 comentarios

  1. Wow… Qué giro inesperado. Lo sospeché al inicio cuando hablas de la discriminación familiar, pero bueno, como uno vive el rechazo hasta por como se viste no sospeché que sería un chico. El final más que impactarme me conmovió. Me anudó la garganta, y me produjo tristeza. Todo apuntaba a que algo hermoso, luego de todo lo que hicieron por un borracho que llega a casa ajena armando desastre, la calidad del protagonista y sus compañeras de piso hace una antítesis espectacular entre la actitud del joven demasiado tomado para no poder ver lo que hacía. Un pendejo decepcionante, ja, ja. Muy típica su actitud. Increíble relato. Me encantó. Aún sigo con la boca abierta.

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