Diario rojo

Hoy me ha llegado el olor a hojas podridas de la piscina. Suelo caminar hasta detrás del jardín, rodeo la piscina (todo son arces y castaños) y vuelvo por el huerto. Siempre que paso cerca de la piscina me fijo en que la masa de las hojas forma una capa gruesa. Creo que podría andarSigue leyendo «Diario rojo»

Sway

Estaba empapada de sudor. El calor no nos había dejado descansar en dos días y, según ese hombre de la televisión, iba a durar otro par más. Los niños jugaban en el jardín saltando sobre el aspersor. Los oía desde el salón. A ellos y a los hijos de los vecinos que se habían unidoSigue leyendo «Sway»

Chavela

La Llorona empezó siendo la Cebolleta. La llamaban así los niños del barrio. «Todavía huele a la Cebolleta», decían por la mañana. Y siguiendo el rastro se asomaban a la ventana de la cocina. Ahí estaba (y seguiría estando días y noches) la Llorona con su berrinche crónico. Aprendió a andar entre los pucheros delSigue leyendo «Chavela»

Medusas de té

Cuando tenía siete años su hermano le habló por primera vez de las medusas de té. Unos extraños animales que solo despiertan al nadar en agua y tiñen todo de color. Por eso siempre le ha gustado el frío y el olor a calefacción en casa, las tazas humeando. El ritual de hervir el agua:Sigue leyendo «Medusas de té»

Norma

El día en que sus padres concibieron a Norma se colaba desde el piso de abajo la música de su abuelo. La Callas retumbaba en las paredes y arañaba sus pieles. Casta Diva hizo saltar lágrimas a su madre y su padre memorizó la melodía. Aquella ópera de Bellini era la favorita del abuelo. La escuchaba todos los díasSigue leyendo «Norma»

Mi primer amor fue la palabra

Mi primer amor fue la palabra. Porque con ella vi la forma de saciar la sed, de decir lo que quería, lo que amaba y lo que temía. Mi primer amor fue la palabra. Palabras que mi garganta maceraba como en una marmita y yo agitaba con la mente. Al principio con mimo, pero luegoSigue leyendo «Mi primer amor fue la palabra»

Tenemos un poema

Ojalá pudiese correr por las líneas de mi mano. Llegar hasta el acantilado que marca el principio y volver al precipicio del fin. Una bocanada de eternidad, respirar nebulosas. Ojalá esos surcos fuesen de campo labrado. Que mi carne fuese tierra fértil y húmeda para encharcarme de lluvia y que las zanjas se me empaparanSigue leyendo «Tenemos un poema»

Niebla

Dijo adiós y siguió andando. La niebla era espesa. Blanca. Pesada. La atravesaba dando pasos pequeños. No veía dónde iba. A veces, olía a asfalto mojado. Otros pasos, eran hierba húmeda y mullida. Y ella caminaba con esa ceguera blanca poniendo las manos por delante para no chocarse.A veces, sentía que alguien pasaba cerca deSigue leyendo «Niebla»

De sal

Te conocí cuando todavía no podías dormir por las noches. Tus besos sabían a sal. Debía ser porque a veces tenías que tragarte las lágrimas y por algún sitio tenían que salir. Aprendimos a acariciarnos encajándonos las penas. Éramos carne y jadeo. Por fin, durante esos ratos, dejábamos de ser alma y quejido. Después, meSigue leyendo «De sal»

Claveles en la boca

No me dices te quieros. Tú los haces. Porque me quieres con tus guiños en silencio, porque se te escurre cariño por esos ojos del mar negro. Porque ya no duermo (y tú tampoco), si no me acaricias el muslo izquierdo después del buenas noches. No me dices te quieros, pero me besas las ideas y meSigue leyendo «Claveles en la boca»