Cauce primigenio

La piedra sobre la piedra.El latido del ángel.La eternidad.El crepúsculo.Desparramada a un margen y a otrode la carretera, toda de cuneta y grava,recupero el pulso matemático y las horas,que reconducen mi rumbo hasta aquí.Mi voz es el agua que moja las piedras.La sed de la tierraabocada al cauce primigeniode este cuerpo, que aún se intuyelibre.Sigue leyendo «Cauce primigenio»

Instantáneas

La luz apunta el declivede las horas más tenues.Irreconocibles,en tu pupila estupefacta. La nochearroja su cenizade mariposa muertacontra el metaldoblegado de los días. Hoy es terrible el silencio,que gotea exactitudes,desde un punto ciertoen mi memoria. Tus ojos inmovilizadosdetienen mis ojosen ti, contra el espejo,como dos instantáneas. Maribel Hernándezmaribelhernandez.esLeer sus escritos

Sin pretenderlo o a propósito

Sin pretenderlo o a propósito,acabo igualmente boicoteándome así.En esta matemática triste de inventariartey sacarme ecuaciones de la memoria            y hasta de la conciencia. Y me descubro interpuesta,entre los porcentajes azules que le voy calculandoa tu lejanía. Midiéndote por arriba y por los lados. Dejándote ir,            con todas las horas que les arrancamos            a las cortezas de los árboles.Sigue leyendo «Sin pretenderlo o a propósito»

Ensueño

El día se desmadejaba paulatinamente. De la entraña de la niebla salían haces de luz amarilla que cruzaban la oquedad del ventanuco como flechas. Tras el vidrio, la señora Roberts deslizaba el cepillo sobre el cabello dorado de la pequeña Ensueño. Un nombre que había elegido en su juventud para el bebé no nacido que,Sigue leyendo «Ensueño»

Amanece

Amanece, pero sin voz.La ciudad. El mundo. La calle.Abandono mi fe entre las sábanas.Mis huesos de leche.La existencia compungida de nuestros cuerpos de árbol,cuando los devora el sol.Desde la intemperie, puedo verme en pie.Yo a dos palmos de la noche.Yo, en la oquedad de tus ojoshoradados en la roca. El tiempofunambulesco, sobre las marcas delSigue leyendo «Amanece»

La profundidad de los charcos

Estoy cortada por la mitad, de este aOeste. En un repartirme sin éxitoentre cosas cotidianas, a cambio deun corazón en modo estándar. Me disuade el día, con el rugidoIndiscriminado de la luz,huyéndole de un zarpazo al horizonte.Siempre en rojo.Adormecido. Doméstico. Idéntica a mí, una huella -tierna todavía-contra el camino subyacente, eligela intemperie. Y no sucumbeSigue leyendo «La profundidad de los charcos»

La mujer desnuda frente al espejo

«Las luces del carnaval arrancaron del silencio un ruido de cascabel que cayó entre nosotros. Rottweil, amilanada bajo la lluvia, depositaba contra las piedras brillantes de sus calles solas, algo parecido a una muerte previa: tiempo que se resistía a transcurrir y que se aferraba a la tarde con la dureza de un clavo contraSigue leyendo «La mujer desnuda frente al espejo»