Diario rojo

Hoy me ha llegado el olor a hojas podridas de la piscina. Suelo caminar hasta detrás del jardín, rodeo la piscina (todo son arces y castaños) y vuelvo por el huerto. Siempre que paso cerca de la piscina me fijo en que la masa de las hojas forma una capa gruesa. Creo que podría andarSigue leyendo «Diario rojo»

Medusas de té

Cuando tenía siete años su hermano le habló por primera vez de las medusas de té. Unos extraños animales que solo despiertan al nadar en agua y tiñen todo de color. Por eso siempre le ha gustado el frío y el olor a calefacción en casa, las tazas humeando. El ritual de hervir el agua:Sigue leyendo «Medusas de té»

El color de mi vida

Siempre pensé que mi color era ese en que todo lo ves perfecto, el que inspira ternura, ingenuidad y hasta ñoñería. Pero buscando en mi memoria los recuerdos siempre aparecen con el verde de fondo. Vienen aquellos viajes de infancia cuando mis padres, cargados de maletas, tiraban de mí, subiéndonos a aquellos trenes con olorSigue leyendo «El color de mi vida»

Me(n)sura

Ayer cumplí catorce. Estoy muy alto, crecí mucho hace poco. Y estoy tranquilo, solo, en el jardín de atrás de casa, cómodo y fresco. Nadie me molesta. Camino tranquilo. Descalzo sobre el pasto. La gramilla me cosquillea. Me mido tranquilo. Me tanteo tranquilo. Más cosquillas. Desde los doce tengo la costumbre de medirme con losSigue leyendo «Me(n)sura»

M

M fue criado para ser exitoso. Sus padres se preocuparon por ponerlo en los mejores colegios tanto en la primaria como el bachillerato para que recibiera la mejor educación posible al alcance de sus bolsillos. Criado por monjas en la primaria y por curas en la secundaria. Principios católicos férreos que aseguran un futuro adultoSigue leyendo «M»

Viejo a los veintiuno

No puede ser. Siempre tropezando con la misma piedra. No cambia más. Otra vez Tahir la engañó con la primera que encontró. Igual que aquel otro, el petiso desacatado, no aprende más. Se les tira encima sin pensar. No como yo, que ahora estoy en otro plan, más tranquilo. Ya no es como en aquellosSigue leyendo «Viejo a los veintiuno»

El borde del universo

No eran muchas las clases que me gustaban del colegio, pero la que más me atrapaba era la de Geografía. Nada más empezaba y la profesora, una señora chaparrita de cabello negro y ensortijado, sacaba de un mueble de madera unos mapas enormes, a todo color, de América y de Europa. Pocas veces veíamos elSigue leyendo «El borde del universo»

Fraterno amor

Entrando en la plaza de comidas del centro comercial, Ismael lleva tomada de la mano a Alicia. Camina rápido, encuentra uno de los últimos lugares libres; ¡qué suerte a esta hora! Tiene la cabeza llena con otros asuntos que no se arreglan tan fácil. —Isma, qué lindo que te queda ese equipo deportivo negro conSigue leyendo «Fraterno amor»

A izar la bandera

6 de julio de 2010 (página de mi diario) Estoy escribiendo esto y me emociono hasta las lágrimas. No quiero que mis amigos me vean así. Porque también me pasó hace un rato, viendo cómo perdíamos. Los holandeses casi nos llenan la canasta, de no ser por nuestro gol en la hora, pero ni conSigue leyendo «A izar la bandera»

Lidia

Lidia corría a través de las calles. Atrás dejaba las casetas de las fiestas, el concierto de Gatibu y los amigos. Le faltaba el aire, le ardían las mejillas y el pelo se le metía en los ojos; pero no perdía tiempo ni para apartarlo. Dos gotas cayeron sobre su cara y apretó el paso.Sigue leyendo «Lidia»

Los pibes fatales

Moro estaba solo y pobre. No tenía dinero, pasaba hambre. Los amigos le llevaban comida y se quedaban a hacerle compañía; querían estar seguros de que se alimentara. La que era un hada con sus manos era Pili; con ingredientes muy sencillos le hacía cosas ricas que se veían muy apetitosas. Moro las disfrutaba comoSigue leyendo «Los pibes fatales»

El suave viento de la rambla

Caro y Fredo caminaron despacito hacia la rambla. Un viento fresco los acompañaba. El aburrimiento se fue volando. Había una química agradable en el aire que los dos respiraban y no la querían dejar ir. Fredo se dio cuenta de que Carolina era una mina con la que valía la pena encarar algo más enSigue leyendo «El suave viento de la rambla»

La cabeza agarrada…

Gonza estaba muy enojado. Fredo lo miraba incrédulo. —Fredo, quería que me ayudaras a pensar algo, si no te queda mal. —Bueh. Dale. Tirá. ¿Quién fue…? —Moro. Lo encontraron tirado en la calle, de madrugada. Drogado hasta las patas. —Uuuuuh, ¡qué feo! ¡Noooo! —Fredo se agarró la cabeza, los ojos desencajados, como con ganas deSigue leyendo «La cabeza agarrada…»

Uno para dos y dos para uno

—Fredo, ¿qué pensás hacer con todo esto? —Está bravo, Gonza. No sé, macho, son muchas cosas todas juntas. Como que… qué se yo… Quiero saber ya mismo todo lo que preciso saber, para poder hacer todo lo que quiero hacer. Me muero de ganas… pero no quiero que me pase nada de todo eso horribleSigue leyendo «Uno para dos y dos para uno»

Sumiso lamento

Moro se desplaza por las piezas, parco, con pereza. En el lecho yace la madre. Hace ya varias semanas que casi no se levanta. Las gastadas manos de india recorren las cuentas del rosario. Los ásperos labios murmuran mensajes mesurados. En el patio vuelan dos colibríes. Buscan el néctar de unas florcitas blancas que crecenSigue leyendo «Sumiso lamento»

Diario de mi casa (parte IV)

Nunca hablo con papá de eso que me pasa. Con mamá, ni loco. Es raro, porque me parece que con papá hablaría. Pero no sé por qué él no me habla. ¿Le tendrá miedo a mamá? Yo ya estoy empezando a imaginar cosas. Pero no, mejor, no me las imagino. Porque si abro la boca,Sigue leyendo «Diario de mi casa (parte IV)»

Colores Primarios

¿Recuerdas ese estío al borde de nuestra adolescencia? Cuando tus brazos y los míos escalaban a la edad perfecta y nos topamos en una cumbre yerma de cristal y malva. Cuando vestíamos por dentro de esperanza y verde y sonreían nuestros ojos en dorado y pleno. ¿Te viene a la memoria el umbral de aquellaSigue leyendo «Colores Primarios»