Busco

Hay mañanas que busco entre cajas tus recuerdos. Entre sábanas de algodón arrugadas. Entre viejas fotos reveladas. Entre fuertes cafés aromáticos. Entre caminos pedregosos. Entre palabras dichas al oído. Entre risas cómplices. Entre caricias delicadas. Entre sabores japoneses. Entre copas de madrugadas. Entre melodías desacompasadas. Hay mañanas. En las que aún te busco, pero ya,Sigue leyendo «Busco»

Te seguiré adorando

Sigo adorando esta ciudad, aunque ahora la recorra sola. Sus malditas cuestas. Perderme en la calle Bulas. Tirar un palillo a la Virgen de los Alfileritos y rezar para que no caiga de pie. Reflejarme en sus calles nocturnas. Comerme una bomba en El Trébol. O un solomillo de ciervo en lugares perdidos. Asomarme enSigue leyendo «Te seguiré adorando»

Me gusta alargar…

Me gusta alargar, ese último trago de café amargo. El último paseo por Fuencarral. El último mordisco a la tapa del día. El último culín de vino de la copa. La última respiración de tus fosas nasales tras mi cuello. La última risa. El último abrazo antes de la despedida. El último beso. El últimoSigue leyendo «Me gusta alargar…»

Notas de Jazz

Deslizaste por el hueco de la apertura de mi larga falda, tus ágiles dedos. Y empezaste a escribir, en la piel de mi muslo, las palabras más bellas jamás escritas, sobre mi epidermis, erizando cada diminuto vello. Y sólo pude mirarte, acariciar tu cara, de niño travieso y seguir escuchando, aquellas, incongruentes notas de Jazz.Sigue leyendo «Notas de Jazz»

¿Y ahora, qué?

Y nos quedamos parados, allí, en las alturas del castillo de aquella ciudad amurallada, mientras un sol llameante se escondía entre nubes rosadas. “¿Y ahora, qué?” Me preguntaste con tu habitual picardía. “Ahora, nada” contesté con mi habitual frialdad. Y sin más, apoyaste tu nariz sobre mi pelo, besaste con dulzura mi cabeza. Y continuamos,Sigue leyendo «¿Y ahora, qué?»

Ciclos.

Eres como la nieve, que tan pronto la puedo agarrar entre mis dedos, fría cortándome la circulación, helando todas mis terminaciones nerviosas, como empieza a escurrirse mientras se deshace entre mis dedos formando charcos infinitos de agua bajo mis pies, evaporándose a las salida del sol de verano, volviendo, de nuevo, al ciclo del agua.

Nos quisimos tanto que…

Nos quisimos tanto que, no nos dimos cuenta, del día que empezamos a perdernos. Y a coger caminos diferentes. Y a separar nuestras manos. Y a dormir separados. Y a dejarnos de besar. Y a no podernos mirarnos a los ojos. Y a dejar de charlar abiertamente. Nos quisimos tanto, que perdimos, nuestras migas deSigue leyendo «Nos quisimos tanto que…»

Vacíos madrileños.

Escribí los versos más triste jamás escritos, bajo la ácida lluvia de Madrid, en aquella terraza perdida, en un barrio de colores. Y recordé reflejos borrosos de nosotros. Migas de donuts en Fuencarral. Restos de cachimbas por Huertas. Cóckteles a medio beber en Génova. Abrazos muertos por Chamberí. Promesas imposibles. Ecos vacíos. Y. De repente.Sigue leyendo «Vacíos madrileños.»

Recordar, recordándote

Entre calles de Madrid, alzo la vista al cielo, observando, un enratado de ramas vacías. No recuerdo, tu recuerdo. Ni mis recuerdos. Ni tu voz. Ni tu olor. Ni tus ojos. Ni tus labios. Lo borré todo, a base de alcohol. Llenando bañeras de lágrimas. Mientras me ahogaba en ellas. Entre lánguidos gemidos agónicos. NoSigue leyendo «Recordar, recordándote»

Inúndame.

Inúndame de abrazos, de los que te cortan la respiración. Inúndame de besos, de los que te destrozan los labios. Inúndame de caricias, de las que recorren hasta el último milímetro de piel. Inúndame de palabras, de las que te embriagan. Inúndame de hechos. De los cotidianos. De los inusuales. De los prohibidos. Inúndame deSigue leyendo «Inúndame.»

Inocente

Me declaro inocente, de enredar mis dedos entre tu pelo. Inocente, de decirte palabras subidas de tono, no aptas para todos los oídos. Inocente, de acariciarte donde nadie más llega. Inocente, de recitarte versos inconexos mientras nuestras lenguas tartamudean entre besos. Inocente, de mojarte el alma entre susurros. Inocente, de devorarte como el mejor platoSigue leyendo «Inocente»

Tu latido.

Podría diferenciar tu latido entre millones de sonidos. Único. Acompasado. Pausado. Al son de tu respiración tranquila. Podría reptar hasta tu pecho, igual que lo hace un recién nacido, hacia el corazón de su madre nada más nacer, yendo, hacia el “bum bum” acompasado, de tu corazón insaciable. Y quedarme ahí, en silencio. Sobre ti.Sigue leyendo «Tu latido.»

Fuimos.

Fuimos lo que fuimos. En aquel preciso momento. En aquel viaje entre obras de arte. En aquel restaurante comiendo delicatessen. En aquella puesta de sol. En aquella playa comiéndonos a besos. En aquel concierto cargado de cerveza. En aquella exposición. En aquel día de lluvia corriendo entre coches. En aquellas duchas eternas. En aquellos abrazosSigue leyendo «Fuimos.»

Ahuyentando monstruos.

Llueve sobre mi cara, alzo la vista al cielo, no es agua, sino tus saladas lágrimas. Y yo, las seco con mi pelo, redimiéndote de tus errores, perdonándote sin palabras, absorbiendo con mis besos, millones de gotas cristalinas, que brotan de tus ojos, como manantiales salvajes. Soplándolas. Ahuyentándolas. Para que se vayan lejos, de tuSigue leyendo «Ahuyentando monstruos.»

Escribo

No escribo para ti, ni para el otro, ni para el de más allá. Escribo por, y para sentir. Para llegar, para plasmar, para transmitir. No escribo para ganar, ni para posturear. No escribo perfecto, no soy escritora. Escribo para expresarme. Escribo a fotos, a obras de arte, a gente desconocida, a instantes capturados enSigue leyendo «Escribo»

Tus besos me saben.

Tus besos me saben. Me saben a helado de menta, a chocolate recién fundido. Me saben. A nieve que se deshace en mi boca, a lluvia que cae del cielo. Me saben. A cereza recién cogida del árbol, a mango recién cortado. Me saben. A castañas asadas, a frutos secos. Me saben. A chupa chupsSigue leyendo «Tus besos me saben.»

Salvada.

Camino de puntillas, entre recuerdos que cortan como cuchillas, como cristales rotos. Alfombras enteras. Infinitas. Que no me llevan a ningún sitio. Sabiendo que al final de mis sueños, está tu mano, a la que me aferro, la que siento cómo me deja caer. Despacio. En silencio. Desplomándome sobre ellas. Cortándome en mil pedazos. CierroSigue leyendo «Salvada.»